En lo particular soy un practicante “convicto y confeso” de magia ceremonial; siento que la liturgia de las mismas no sólo me facilita los procesos psí quicos necesarios para una adecuada protección, sino que movilizan las fuerzas astrales y etéreas consecuentes con tal fin.
En la ciudad en que resido -Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos, Argentina- he llevado las cosas al extremo de proponer rituales colectivos:
En contra de la autocensura que suele imperar en nuestros medios, donde aun los m ás fervientes practicantes suelen mantener en un discreto anonimato sus prácticas, me ha sorprendido encontrar favorable acogida del público.
A título documental, adjunto fotograf í as de una sesi ón pública realizada tiempo atrás donde asistieron m ás de 80 personas, muy pocas de ellas estrictas estudiantes o practicantes de estas disciplinas.
Aun cuando para muchos era la primera vez que se asistía a una sesi ón de estas características, y en contra de muchas agoreras predicciones en el sentido que una hipotética mentalidad “provinciana” y filoclerical pod ía generar un amplio espectro de reacciones ninguna positiva; desde la burla o el sarcasmo hasta una infundada pero necesariamente descalificadora denuncia legal, haciendo caso omiso de quienes, seguramente a nuestras espaldas y en virtud de sus particulares creencias habrán defenestrado nuestras prácticas ( “defenestración” que, de cualquier forma, nunca llegó a nuestros oídos) lo cierto es que la reacci ón popular ha sido muy positiva.
Esto demuestra que cuando al com ún de la gente se le explica, cuidadosa y detalladamente, los porqué de una filosof ía atí pica como la nuestra, es capaz de digerirlo y asimilarlo.
No gratuitamente, muchos de quienes estuvieron allí presentes por primera vez hoy son mis amigos. Participarles a ustedes de esta experiencia y otras, entonces, busca un doble propósito: por un lado, informarles y documentarles.
Por otro, proponer, modestamente, la necesidad de terminar con esa actitud insegura de mantener un velo de misterio sobre la práctica de nuestras creencias, m ás allá de la conveniencia esotérica en ocasiones, cuando muchas veces detrás de esta excusa sólo aletea el temor al ridí culo o al descrédito social.
Yo, Gustavo Fern ández, me reconozco de profesi ón de fe ocultista y estoy orgulloso de ello.
La ocasi ón fue el advenimiento del Halloween de 1997. Y los pasos que se cumplieron fueron los siguientes:
Se traza en el piso un gran doble cí rculo. Ese anillo recibe el nombre de ” ánima mundi”. Cada elemento que se coloca en un ritual es un símbolo que representa algo; más que la “cosa dibujada” o colocada en sí es la representaci ón mental a través de su visualizaci ón que nos hacemos con todos los elementos que vamos acomodando, dibujando, interconectando, lo que en conjunto genera el efecto que buscamos, porque evocan la sublimaci ón de los sentidos. La luz de las velas nos habla de la vista.
Las defumaciones y sahumerios, del olfato; el sonido de campanillas o las palabras oradas, actúan sobre el oí do; los “toques de paso”, el roce del aire contra nuestras manos cuando efectuamos “mudras”, el contacto con la copa de cristal, llega al tacto; el paladear el agua consagrada de esa copa, al gusto.
El ” ánima mundi” significa “el espíritu del mundo”: simbólicamente representa al Universo microcósmicamente reflejado en ese lugar: es como ponerle lí mites a la realidad.
Si se hiciera un “ritual necrom ántico” (de invocación y llamado de espíritus de difuntos, de paquetes de memoria o de entidades del “bajo astral” ) el ánima mundi pasaría a tener otra propiedad conexa, que es la de servir de círculo de protección.
En un ritual necrom ántico sí o sí forzosamente desde el comienzo del ritual hasta el final del mismo los oficiantes, los asistentes -colaboradores- y los “comparsas” -asistentes pasivos- deben mantenerse dentro del cí rculo, porque el estar fuera del mismo los hace m ás vulnerables, más permeables a las influencias de las entidades que puedan convocar, no así en otra clase de rituales, como los de consagración, donde el efecto dentro o fuera del cí rculo es el mismo mientras la persona haya pasado parte de la liturgia dentro de aquél.
En el ritual del 31 de octubre la comparsa pasó dentro del ánima mundi durante la defumaci ón que los asistentes hicieron de cada uno de los presentes.
No se trata aquí de proteger durante el acto a nadie, sino de proyectar en el lugar, sobre el lugar, en la persona o los objetos que lleva para tal efecto, las vibraciones que tratamos bajar al plano en que nos desenvolvemos.
En el ánima mundi se escribe una serie de palabras que deben reunir tres condiciones: un valor numerol ógico, es decir que traducidas a n úmeros representen una determinada vibraci ón del Cosmos.
Deben asimismo tener un significado propio: expresar lo que se desea, lo que buscamos, a qui én buscamos. Deben tener un sonido que sea en sí mismo una vibración.
Por ejemplo: si se escribe la palabra “Acla” y se pronuncia la sílaba “Om” pese a formar parte de horizontes culturales muy distintos (una es europea y medieval; la otra, hindú y pretérita) son correspondientes entre sí, porque ambas representan el espíritu universal concretizado en la materia f ísica de la persona que las usa.
Existe una enorme diversidad de rituales; nosotros empleamos aquellos que observamos o deducimos son los m ás eficientes de cara al resultado y económicos en tiempo en funci ón de la energ ía y el esfuerzo en los tiempos que lleva.
En el ritual del 31 de octubre, el oficiante “saltó” de lo occidental a lo oriental. Por ejemplo: mientras que todo el contexto era típicamente occidental (desde las túnicas, los sí mbolos empleados, hasta los candelabros y dem ás), el libro sagrado que estaba en el altar era oriental (se trataba del Bhagavad gitâ). Se puede usar cualquier libro sagrado (la Biblia, el Corán, el Talmud, etc.).
El Ocultismo parte del precepto que todos los libros sagrados de todas las religiones están imbu ídos de algo de la Divinidad; tambi én parte del precepto que todos los libros sagrados tambi én acumulan mediocridades humanas, pese a lo cual todos comparten una pizca de lo Trascendente.
Por lo tanto, es absolutamente circunstancial que uno emplee un libro sagrado oriental u occidental; lo importante reside en que el oficiante del ritual tenga alguna afinidad con el texto elegido.
Este mismo planteo hace que uno esté facultado para emplear “letanías” (oraciones o repeticiones) tanto latinas como orientales, por ejemplo, el empleo del mantram “om Shiva, om Shivaina, om Shivaraina om”, que empleamos en el ritual, es una alabanza al dios Shiva (dios creador del Universo entre los hindúes, representa además al ciclo regenerador de la Naturaleza).
Ellos sostienen que hay un principio cósmico universal: la conciencia cósmica sin manifestarse es llamada Bhrama; cada manifestaci ón de Bhrama se metamorfosea en esa circunstancia en una deidad independiente.
Es decir, cuando Bhrama opera a través de las fuerzas transformadoras y constructoras de la Naturaleza es “Shiva”; cuando Bhrama opera a través del caos, de la destrucción y del desorden, es “Kali”, cuando Bhrama encarna entre los hombres en “Khrishna”.
Volviendo al ” ánima mundi”, las palabras que se escriben dentro pueden ser las siguientes (entre otras): Jehovah Adonai (si el ritual tiene como objetivo combatir a un enemigo hay que sustituir la palabra “Adonai” -aspecto creativo de la Deidad- por “Sabaoth” -aspecto destructivo-). Al igual que Shiva y Kali, dos de las “caras” de Bhrama.
La Gnosis siempre sostuvo que Dios es malo y bueno a la vez; entonces si Dios es todo, también abarca al Mal, como dos caras de una misma moneda, el Jano de los griegos, el dios bifronte.
Algunos cabalistas comparten ese enfoque, diciendo que Dios se puede manifestar constructivamente o destructivamente, pudiendo ser de conducta “erótica” o “than ática”.
Si es “erótico” (Eros: dios de la vida y el amor entre los antiguos griegos) es Jehovah Adonai, y si es than ático (Thánatos: dios de la muerte entre aquellos), será Jehovah Sabaoth.
Las palabras que siguen en el ánima mundi (siempre se escriben de Este a Oeste) son las siguientes: Ha’aretz (se pronuncia “jaretz” ) Eheieh ( “ejeiej” ) Eloah ( eloaj” ) Vadaath:
Esta frase en hebreo es una impetraci ón a Dios para que esté presente en nosotros y actúe a través de nosotros.
Si empleo la palabra Sabaoth (en reemplazo de Adonai) para combatir a un enemigo y además deseo amplificar el “efecto boomerang” (“que dios te de el doble de lo que me deseas”), luego de escribir “Va Daath” continúa esta frase: Abreqadabra (se pronuncia como se escribe).
Es la antigua frase que, por deformaci ón, degeneró en el circense “Abracadabra” de los ilusionistas de sal ón, pero que originalmente se traducí a como “devuelvo el rayo de la muerte hacia ti”.
Luego, en ambos casos se continúa escribiendo :
Sator ,Arepo ,Tenet ,Opera ,Rotas ;hasta completar el círculo.
Dentro del ánima mundi se dibuja un pantáculo o estrella de cinco puntas, cuya punta superior apunte hacia el Este.
Hay que dibujarla de un sólo trazo. Para facilitar el proceso, dentro del círculo se marca el Este y cuatro puntos más -que resulten equidistantes- y luego se unen formando esa estrella.
El pentágono que se formó en el centro del pantáculo se llama “exergo”, y en él deben escribirse las palabras :
Sator ,Arepo ,Tenet ,Opera Rotas,Aclaacla o colocar un “cuadrado mágico” (que veremos en la próxima clase).
Mirando hacia el Este hacia la derecha y hacia adelante se hace un segundo pantáculo (un sólo cí rculo y dentro una estrella de cinco puntas) donde se depositan los objetos a consagrar, es decir, aquellos objetos que los asistentes hayan llevado para ser, diríamos, “cargados” con una propiedad especí fica.
Es el fundamento operatorio de amuletos y talismanes.
En cada una de las puntas del pantáculo mayor se coloca una vela violeta y fuera del cí rculo, en el ángulo noroeste de la habitaci ón se coloca una vela negra que cumplirá la función de “punto de fuga” para absorber toda la negatividad que pueda estar rondando en el lugar.